lunes, 18 de junio de 2012

LA CATEDRAL DE CUENCA ( I )


La estrella por excelencia de los distintos monumentos religiosos que tiene Cuenca es su catedral. Está situada en la Plaza Mayor. La fachada que ahora podemos ver es toda ella obra de nuestro siglo, cuya reconstrucción hubo de emprenderse después del trágico hundimiento del 13 de abril de 1902, fecha desgraciada para la ciudad, en la que se desplomó entera la torre mayor, llamada del Giraldo, ocasionando, como mal menor para lo que bien pudo haber sido, dos víctimas mortales. Cuatro meses después, siendo obispo de la diócesis don Wenceslao Sangüesa y Guía, se declaró monumento nacional, tal vez por piadosa compensación al lamentable abandono al que, a nivel gubernamental, se había tenido hasta el día en que ocurrió la catástrofe.
La erección de la catedral de Cuenca está relacionada directamente con la persona de su rey conquistador Alfonso VIII, y más todavía con la de su mujer la reina Leonor de Inglaterra.
Se comenzó a edificar después de la reconquista de la ciudad, en el mismo lugar que había ocupado hasta entonces una vieja mezquita árabe. La primera piedra se colocó en tiempos del obispo don Juan Yáñez, descendiente del Cid y primer obispo de la Cuenca reconquistada. La capilla con la que se iniciaron las obras fue consagrada por el que más tarde sería arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada, a la sazón obispo de Osma. Correspondió, en cambio, a San Julián, su segundo obispo y patrón de la ciudad, el acto solemne de la consagración del altar mayor el día 15 de agosto de 1196, que fue dedicado, conforme con la fecha, a la Asunción de la Virgen.


Aunque bajo el episcopado de San Julián (de 1196 a 1208) se construyó una buena parte del grandioso templo la puramente románica de la primera época , dos siglos más tarde se quitaron algunas capillas del ábside y la iglesia se amplió con doble girola, según el gusto ojival predominante.
Desde las puertas principales hasta el crucero, la Catedral tiene tres naves. A partir de ahí se ensancha en otras dos naves laterales más, de forma que serán cuatro de ellas las que al final giran en torno a la nave central, dando lugar a la espléndida girola, enmarcada por capillas y oratorios por ambos lados.
Si se tienen en cuenta algunos detalles característicos de su estructura, y del artístico triforio sobre todo, habremos de reconocer que nos hallamos ante la mejor muestra del arte gótico anglonormando que existe en España. La fecha de conclusión de toda esta maravilla, según opiniones autorizadas, se cifra entre los años 1480 y 1485.
Varias circunstancias en favor de la Catedral y de la propia ciudad de Cuenca vendrán a concurrir apenas iniciado el siglo XVI. La ciudad acrecentó por aquel entonces su población de hecho, debido a los muchos talleres artesanos que se instalaron en ella, así como al floreciente comercio de ganado, consecuencia de sus buenas dehesas. Muchas familias de nobles y de artistas asentaron en los palacetes de la ciudad alta, reclamados por el quehacer cultural y el prestigio que Cuenca había ido adquiriendo en el conjunto del reino. Por otra parte, coincidió que vino a ocupar la silla episcopal don Diego Ramírez de Fuenleal, nacido en Villaescusa, lugar de la Mancha conquense; hombre de inagotables influencias, que impulsó, en cuanto estuvo de su parte, la renoación interior de la iglesia cabecera de diócesis, dando paso a la revolución renacentista italiana que, unida al movimiento innovador emprendido anteriormente para el que se había tomado como modelo la catedral de Toledo, consiguió hacer de la de CuenC un emporio artístico, muy en consonancia con los últimos gritos de la moda propiciados por el Renacimiento. En el año 1850, siendo obispo don Fermín Sánchez Artesero, el Papa la declaró Basílica Mayor, señalándose los siete altares privilegiados, cuya condición todavía se ve marcada sobre las verjas de algunas capillas con la inscripción "UNUM EX SEPTEM".


Deteniéndonos únicamente en las capillas y en los altares que más merecen la pena, iniciamos el recorrido por la Catedral en la primera de ellas; queda a nuestra derecha según entramos: la Capilla del Pilar.


(Continuará)

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