No sé con exactitud si son quince o
son dos más o dos menos las voces de hombres y mujeres que componen este
extraordinario grupo folk, que hace años tomó nombre y tomo fama en Villaverde
y Pasaconsol, un pueblecito de la Manchuela Conquense, a muy corta distancia de
Olivares, mi pueblo natal.
Hace tan solo dos días, con motivo
del tiempo de vacación de Semana Santa, pasé por allí en un nuevo intento de
encontrarme con Sabino, un amigo de juventud al que, sin exagerar un ápice, en
más de cuarenta años creo haberlo visto una vez solamente, siendo tan amigos
como lo fuimos en tiempos de estudiantes en aquella Cuenca de nuestras ilusiones,
cuando pasear por Carretería se había convertido en tarea diaria a la hora del
anochecer.
Sabino Moya es el acordeonista del
grupo Alajú, que un día brotó entre las gentes de su pueblo y que dirige
Gabriel Hortelano, al que he tenido ocasión de conocer en mi reciente visita a
Villaverde. Y no es de ellos precisamente de los que quiero hablar aquí, si no
del trabajo ejemplar, realmente admirable, del grupo musical al que pertenecen;
a modo de fantástica explosión cultural nacida de la tierra madre, en un
pueblecito de la ribera del Júcar, junto a las aguas del pantano, que, en tan
poco tiempo, ha sido capaz de anotar en su currículum galardones tan
importantes como el haber sido considerado de forma oficial en 1986, con sólo
tres años de vida, como el mejor grupo de música tradicional de Castilla La
Mancha, representando después a nuestra región, como consecuencia, en diversos
certámenes de dentro y de fuera de nuestro país, con un bien nutrido bagaje de
música popular, extraída pacientemente de entre las cenizas en los pueblos de
Cuenca, que ellos, con su conocimiento cabal del viejo costumbrismo de la
música, en la más natural y humana de las infinitas acepciones posibles, y de
su refinado instinto a la hora de hurgar en el alma de los pueblos, han sido
capaces de recrear un repertorio de más setenta canciones sobre temática
popular, a las que hasta el momento han ido dando cobijo en tres cintas de
caset y en otros tantos cedés, de los cuales acaba de aparecer el último,
titulado “Quince romances y una canción de siega”, grabado en el Salón Azul de
la Diputación de Cuenca durante la primavera de 2013.
El título de esta última grabación
nos habla de su contenido: literatura, costumbrismo, música, todo a la vez, de
la que Gabriel Alarcón me ha obsequiado con el primer CD de la primera caja,
cuya imagen os muestro. Se trata de una escogida selección de romances con sabor de siglos, recogidos en el
propio Villaverde y Pasaconsol y en otra docena de pueblos conquenses
repartidos por sus tres comarcas (Alcarria, Mancha y Serranía), con una
temática diversa, y una “Canción de siega” recogida en el pequeño lugar de
Pajares.
Para mí ha sido un honor traer a
este escaparate de las dos provincias más afines de nuestra Comunidad Autónoma,
la personalidad como grupo y la obra de “Alajú, el sabor y la música de
Cuenca”, del que podéis conocer más detalles si entráis en su pagina: www.alaju.es De verdad que os lo recomiendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario