lunes, 18 de octubre de 2010

HOJEANDO EL VIEJO ÁLBUM


De tarde en tarde me gusta cubrir esos minutos libres que nunca faltan -creo que a ti te ocurrirá igual, amigo lector- echando un vistazo al almacén de recuerdos que es el viejo álbum. Esa colección de momentos del pasado, de fotografías en blanco y negro que gusta conservar, con devoción a veces, en un intento inútil por detener el paso del tiempo. Hay veces en las que el viejo álbum nos hace reír, otras nos invita a llorar o cuando menos nos entristece, y otras muchas, las más, nos hunde el ánimo en un pozo de inevitables añoranzas y nos lleva a creer, como al poeta, que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Cada vez que miro el viejo álbum, me suelo detener particularmente en la fotografía que encabeza este comentario. Felices recuerdos de aquella juventud sana, alegre y sufrida. Se trata de la hora esperada, después de tantos trabajos y de tantas privaciones. El final de carrera de la buena gente de mi curso: Escuela del Magisterio de Cuenca; mes de junio de 1957. Éramos algunos más. Echo en falta a varios que tal vez en aquel momento andarían despistados, o tomando unos chatos en la calle Colón para celebrar el acontecimiento.
Hoy vivimos, a Dios gracias, la mayor parte de los que estamos ahí; algunos ya no cuentan entre nosotros: Balbino Noheda, Saturnino Arroyo, Octavio Cano, y quizás algún otro que yo no sepa, se han ido quedando en el camino a lo largo de estos cincuenta y tres años que nos separan del instante en el que el más popular de los fotógrafos de Cuenca, Luís Pascual, tomara la histórica instantánea en el patio de la Escuela.
Nos acompañan dos de nuestros profesores: el director, don José Niño, y el secretario, don Alberto del Pozo. ¡Ah!, también está Máximo, el conserje, personaje que siempre aparece bullendo por la imaginación cuando uno abre las alas al correr del tiempo y se detiene en aquel lugar y en aquel momento preciso. Ahora, también allí, todo es distinto.

1 comentario:

Ras dijo...

Me agrada la fotografía ya que yo estudié en la Aneja y por lo tanto jugué en ese patio, no estudié magisterio pero mis hermanos mayores si lo hicieron debido entre otras cosas por la falta de oferta que había en Cuenca.
Un saludo.