sábado, 6 de febrero de 2010

PRIEGO: CONVENTO DE SAN MIGUEL DE LAS VICTORIAS



Priego, Alcarria y Serranía a la vez, es una de las villas históricas más importantes de la provincia de Cuenca. Se fundó este convento en honor del arcángel San Miguel en memoria y agradecimiento por la victoria de la Escuadra Española en la batalla de Lepanto. El primitivo monasterio se edificó hacia el año 1600, pero acabó por derrumbarse a causa de los constantes desprendimientos de tierra y piedra que venían del roquedal que tiene a su respaldo. El actual edificio es posterior, se reconstruyó de nuevo en el año 1777, por orden del rey Carlos III.
Conocí este venerable monumento en el año 1982 como invitado de don Eusebio Buendía, quien me acompañó, y que ya era por entonces, y todavía lo es, cura párroco de la iglesia de Priego.

«El convento dista del pueblo algo más de media legua. Es el mismo que el viajero vio de lejos, unas horas antes, al atravesar por la carretera de Caña­mares la garganta del Estrecho. Está colocado sobre un leve altiplano, al pie de los abruptos roquedales que enmarcan la sierra. Tan solo la especta­cu­lar quietud del sitio donde asienta y su visión en torno, invitan a los peregrinos que hasta allí llegaren a desasirse de la engañosa poquedad que el mundo y la carne ofrecen, y elevar su espíritu más allá de las nubes, a lo trascendente, a lo que importa por encima de las penurias y de las nimieda­des del siglo que, a la hora de la verdad, no son sino vapor y candi­lejas que los enemigos del alma emplean como ardid para desfacer, dentro de lo que les está permitido, la obra magnífica de la Creación.

En el silencio santo divertido,
Hallarás el efecto más amante,
En la hermosura inmensa entretenido,
Del que extendió esa bóveda elegante.
En un altar tan raro y escogido,
Que no se hallará, no, su semejante;
Pero que maravilla esté callando,
Si cuando calla, a Dios está escuchando.

pluma de frailes que aquí habitaron, llenan los muros roídos de la portería, del claustro, del refecto­rio, de la sacristía, del noviciado, de las puertas de las celdas, perfectamente legibles muchos de ellos todavía hoy con el paso del tiempo.
En octavas perfectas de diestro versificador, de iluminado místico que bebiere de las fuentes de la Gran Sabiduría donde, en este apartado rincón del mundo, se ve, se huele, se palpa. Y décimas de la mejor factura dedicadas a la Madre de Dios, como esta que se puede leer escrita sobre uno de los muros del de profundis:

Quisiera, Virgen María,
Madre mía muy amada,
Tener el alma abrasada
En vuestro amor noche y día.
¡Oh, dulce Señora mía!
¡Quién tuviera tal fervor
Que aventajara en ardor
A los serafines todos,
Amándoos de cuantos modos
Inventó el más puro amor!


Entre las décimas ya desaparecidas, y debida como la transcri­ta posible­mente al padre franciscano Fray Antonio Panés, allá por la centuria del mil seiscientos, con destino a servir de peana a una imagen de la Virgen, estuvo aquella que aprendimos cuando niños y que comienza así: "Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea..." que ha dado la vuelta al mundo tantas veces, como hito importante de las devociones marianas.
Aquí debieron vivir horas de oración, de trabajo intenso y de ayunos, centenares de
monjes de la Orden de Asís, sabios, santos y mártires que luego marcharon a misión por tierras de América.
- En este monasterio -explica don Eusebio- fue fraile el Padre Juan de Sacedón, diseñador de los regadíos y fundador de la ciudad de Monterrey, en Méjico.
La visita por los pasillos, las celdas y demás dependencias del convento es un poco informal e insuficiente por cuanto a tiempo. A San Miguel de la Victoria hay que dedicarle varias tardes para conocerlo en lo que es, en lo que fue y en lo que sugiere. Por alguno de los ventanales se ve en el fondo del ba­rranco el bravío espectáculo de las peñas, de la carretera y del río Escabas. Tres aguiluchos andan merodeando sobre los riscos del Monte Santo.
- Son buitres. Están siempre ahí. Deben criar en los aguje­ros de las rocas. La gente que los ha visto de cerca dicen que son enormes. Hace unos meses encontraron uno muerto al otro lado del cero, que tenía tres metros de enverga­dura con las alas abi­ertas.
El convento actual, siempre en el mismo sitio y con algunos materiales que se pudieron aprovechar del anterior -destrozado por los continuos peñascos que en los inviernos se desprendían del cerro-, fue edificado en 1777 a expensas del rey Carlos III, ocupándolo la nueva comunidad de Franciscanos el día de San Mateo de ese mismo año. Uno nota que, dos siglos después de su recons­trucción, y más de uno luego de haber sido abandonado por los frailes de la Orden, continúa conservando la misma distribución que tuvo cuando ellos vivieron y es un recuerdo perpetuo y valio­so de su estancia en la villa.»
(De mi libro "Viaje a la Serranía de Cuenca")
******************
NOTA: A propósito de esta página y enviado por su autor, D. Arturo Culebras Mayordomo, he recibido en edición PDF el ejemplar de su libro "PUERTA DEL CIELO". Magnífico. Es un tratado muy completo, ameno y bien documentado, acerca del pasado histórico de la villa de Priego, y que consta de tres partes: Genealogía de los Condes de Priego, San Miguel de la Victoria, y Nuestra Señora del Rosal. Recomendable para los interesados en estos temas y para los amantes del Arte y de la Historia en general.

3 comentarios:

Óscar Pardo de la Salud. dijo...

Estuve estas navidades por aquellas latitudes y como muy bien describes en tu blog, es un lugar precioso.

Me impresionó la capilla del Cristo de la Caridad, dentro del Monasterio.

Felicidades por su blog.

Un saludo desde Valencia.

elverdaderocrimendecuenca@gmail.com dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
castillosdecastillalamancha dijo...

He estado muchas veces por Priego y no sé cómo me he perdido este sitio. No conocía de este convento. Gracias por mostrárnoslo. Saludos,
castillosdecastillalamancha.wordpress.com