viernes, 19 de diciembre de 2008

EL POZO AIRÓN, MITO Y LEYENDA


Lo he visitado una vez empujado por su fama y por lo que de él cuenta la leyenda. Para mi uso, se me antoja que su origen no va más allá que el de las conocidas Torcas de la Serranía de Cuenca, es decir, un hundimiento del terreno debido al desgaste del subsuelo como consecuencia de las corrientes de agua subterránea. Fenómenos geológicos que se han dado en todos los tiempos, incluso en los más recientes, como el que en el año 1972 se produjo a un kilómetro escaso de las últimas casas, junto a la carretera, en Paredes de Sigüenza, la comarca más meridional de la provincia de Guadalajara.
Debido a la proximidad entre mi pueblo y La Almarcha -el lugar de la Mancha conquense que tiene por vecino al Pozo Airón- recuerdo cómo toda la comarca estuvo impresionada por la leyenda de la “laguna misteriosa”, por lo que se contaba de ella, hasta el punto que nuestras madres y nuestras hermanas mayores, cuando cada mañana nos peinaban para ir a la escuela, y por sistema nos mostrábamos reacios al aseo, nos solían amenazar con un argumento tan inocente como que la cabeza se nos llenaría de piojos, que harían una cadena, y nos llevaría arrastra a arrojarnos al Pozo Airón.
Este de La Almarcha es el Pozo Airón del que se habla en la leyenda, el que nombra Cervantes en su Viaje al Parnaso; para distinguirlo de otros varios que existen en España con el mismo nombre, y aun dentro de nuestra región -Balbacil (Guadalajara), por ejemplo).
El célebre polígrafo del siglo XIX, José María Cuadrado, nos dejó escrito en su obra Guadalajara y Cuenca, párrafos tan ilustrativos sobre el Pozo Airón como los transcribo seguidamente:

« Inmediato al castillo de Garcimñoz y en términos de Almarcha, que fue en otro tiempo dependencia de su corregi­miento, está el célebre Pozo Ayrón. La existencia de un lago sala­do en tierra tan salitrosa y próxima á grandes salinas nada tiene de extrañeza, sin necesidad de inventar que sea ojo de mar. Con todo, llegó á adquirir gran celebridad, y los conquen­ses y manchegos hubieron de popularizar el nombre del salobre lago, aplicándolo á la corte de Madrid). Visitólo el empera­dor Carlos V yendo de paso para Valencia, y también su hijo Felipe II. Ahora ya se bañan en él, habiéndolo hecho al pronto algunos despreocupados por diversión y broma, sin que ningún tiburón ni serpiente verde y escamosa con ojos fosforescentes, arrastrara al fondo de la inconmensurable sima para devorarlos á los incautos profanadores de su sombrío albergue. Y ¿quién sabe si algún día hallará algún químico que las temibles aguas del Pozo Ayrón son útiles para curar escrófulas sin necesidad de ir á puertos de mar ?

La fábula y la leyenda contribuyeron también á dar fama y celebridad al Pozo Ayrón. A principios del siglo XVII corrió la voz entre los noticieros), ó quizá venía de antes, de que D. Buesso echó en aquel Pozo veinticuatro amigas suyas.
¿Y quién era ese D. Buesso, caballero de nuestros romances po­pulares y moriscos? Un D. Buesso con veinticuatro queridas, tiene más de moro que de cristiano, y si á esto se añade que convertido en Barbazul manchego, concluye por desnudarlas para quedarse con sus alhajas y ahogarlas en el pozo, nos da idea de que no pudo ser después de la reconquista, aunque en el siglo XIV no habían perdido los magnates las costumbres de los tornadizos muladyes. Y como una fábula suele traer otra por contera, poco después se añadía que una de las queridas le suplicó á su Barbazul, ¡extraño melindre! que se volviera de espaldas mien­tras se desnudaba, y aprovechando un momento empujó briosa­mente á D. Buesso y le arrojó al pozo.»

1 comentario:

José Ángel y Miguel Ángel, forestales dijo...

Hay un Pozo Airón que está en las arribes del Duero(Salamanca), no había escuchado de este.

Saludos